Vino Gastronomia

 Pueden haber varios tipos de acoplamientos entre la comida y el vino, por ejemplo el acoplamiento por tradición, donde un plato típicamente regional se juntaría con un vino de la misma zona para crear una afinidad de perfumes y sabores; o, en cambio, el acomplamiento por contraposición y concordancia de sabores, donde la comida expresa características en oposición a las del vino.

Un ejemplo puede ser el guiso con carne de jabalí acoplado a un vino tinto con buena acidez para contrastar la untuosidad de la comida y limpiar la boca. Un ulterior acoplamiento puede estar unido al ciclo de las estaciones; este nace del presupuesto que en verano se preparan platos frescos a base de verdura, carnes ligeras y pescado, de acoplar con vinos blancos jóvenes o con tintos ligeros, mientras en invierno se escogerán comidas más ricas de calorías y más sustanciosas que se acoplarán con vinos blancos estructurados o con vinos tintos del caracter más decidido o todavía con vinos afinados y envejecidos armoniosamente en madera.

Las reglas generales quieren que el cuerpo del vino deba ser proporcional a la estructura del plato, en consecuencia más un plato es complejo y más necesita de una preparación elaborada sea por el tipo de cocción que por la cantidad o preciosidad de los ingredientes, más el vino deve ser denso, robusto y de buen envejecimiento para no estar dominado de la personalidad de la comida; mientras si la receta es delicada, ligera, no se deberá “cubrir” con vinos demasiado pesante o aromáticos, sino que se deberá acompañar con vinos ligeros, sanos y jóvenes.

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